En este
project
room se reúnen algunos trabajos [pintura y arte
objeto] de AM de las series “Amor Porno” y “Amor
Agrio y Dulce”. Las piezas expuestas comparten, en su
simbología, aspectos de una visión de la pornografía,
el amor, el erotismo y algunos sentimientos derivados de esto,
como la pasión y los celos. La exteriorización
del acto privado, el voyeurismo asociado con averiguar que
pasa detrás de las puertas cerradas, de las intimidades
que pueden ser parte de la vida diaria, pero que no se mencionan.
El morbo detrás de espiar lo grotesco, lo oculto y
lo secreto.
El arte objeto ejerce
la fascinación de lo que se vuelve ajeno sin dejar
de ser familiar; de lo cotidiano vuelto extraño, de
la misma manera en que los seres amados cuando se encuentran
en un hospital dejan de ser lo que conocimos, sin cesar de
ser ellos mismos. El arte objeto [el arte de los objetos]
descontextualiza sin cambiar.
Mi fascinación
con los zapatos [porno] eróticos de Amor Muñoz
nació con el conocimiento de que pertene[cen]cieron
a prostitu[pu]tas reales. Que sus tacones se gastaron de taconear
y sus talones de talonear, y que fueron quitados y puestos
cada vez que la dueña ejercí[tab]a lo que ejercía,
[a menos, claro, que se los dejara por solicitud del cliente
y el zapato fuera objeto de fetiche antes de que Amor lo hiciera
objeto de arte]. Amor entonces, a partir de [y en] esos zapatos
callejeros [de callejera], plasmó su propia identidad
porno, del erotismo que se vende: De la misma manera en que
el sexo se vuelve prostitución al venderse, el erotismo
es porno cuando se compra.
Así, en ese
trasiego de dineros, intenciones, suelas [soles and souls]
e intercambio de humores, pasiones, colores, texturas y fluidos
corporales, en el arte objeto [arte zapato, arte lo que uso,
arte lo que taloneo y vendo] de Amor Muñoz, la dueña
original de los zapatos los trasudó con su pornoerotismo
y Amor los contagió del suyo, para que quien los contempla
añada el propio y complete el ménage a trois
insospechado, del que la diosa callejera original participa
cada vez y sin saberlo…[Texto por Sergio Saldivar] |